viernes, 16 de marzo de 2012

¿Literatura canaria?

He crecido oyendo y leyendo la expresión "literatura canaria" a través de antologías, como asignatura durante los estudios, incluso como eslogan publicitario, pero nunca he entendido bien a qué remite tal etiqueta, al menos no exactamente
¿Se refiere a la literatura firmada por naturales del arhipiélago?, ¿se refiere a la literatura que tiene como escenario las islas?, ¿a la que se escribe según nuestra norma lingüística?, ¿a la que se edita en Canarias?, ¿todos estos criterios a la vez o sólo algunos de ellos?
Yo soy canario de nacimiento y vivo aquí, procuro escribir según nuestra norma linguística y las obras que tengo acabadas transcurren en nuestro territorio. También todos mis trabajos, incluso cuando se publique este año El corsario de Lanzarote, estarán editados en las islas. ¿Soy un escritor canario, español, en español?, ¿le conviene a un escritor esa etiqueta?, ¿le conviene a Canarias?

viernes, 9 de marzo de 2012

Calima

Impresiona ver las fotografías desde satélite de la atmósfera sobre Canarias: una densa capa marrón oscurece el azul del cielo. El día ha amanecido espeso por la tierra que flota en el aire que respiramos y que nos lija por dentro y por fuera como un pulimento de grano grueso. Los lagrimales se obturan y las gargantas parecen pozos de paredes acartonadas por años de sequía. Sanidad nos advierte que evitemos los espacios abiertos y el deporte por si no nos damos cuenta que el cielo se corta con un cuchillo.

jueves, 8 de marzo de 2012

Lecturas para hoy

El diario El País sale hoy sembrado. Dos artículos de opinión deliciosos e instructivos justifican todo el resto del periódico. En primer lugar, un artículo de Angeles Caso sobre la presencia de la mujer en la historia del arte muy bien documentado y escrito nos hace ver, en día tan señalado, como las féminas también han sido relegadas históricamente como creadoras. En segundo lugar, El género no marcado, del catedrático de Lengua Pedro Álvarez de Miranda, se adentra en la polémica de estos días sobre el lenguaje sexista desde el conocimiento científico del español y con un alarde de sentido común y de humor que cualquier lector agradece.
En El Mundo, lo mejor de todo lo impreso es la frase que, sobre su cabecera, aparece hoy. Es de un tal Louis Dumur (del que no sé nada) y dice así: "la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos". Extraordinario.

viernes, 24 de febrero de 2012

Nuevos conocimientos

El Makoki andaba con el motor cascado y decidí ir por el camino de aprender mucho y gastar poco. Con el asesoramiento adecuado, he conocido mil ferreterías y mayoristas, productos que ni siquiera imaginaba que existíeran y aprendido a distinguir lo que es un filtro de aceite y un decantador. También me han enseñado a enfibrar y hacer otras pequeñas reparaciones y mantenimientos.
Pero la mayor satisfacción no la encuentro en el ahorro (que es, sin embargo, importante), sino en todas las cosas que antes ignoraba y ahora conozco. Es un hecho placentero por sí mismo.
Y el resultado es que, entre hoy y mañana, el viejo Solé mini 17 volverá a arrancar con aires renovados y, si no hay imprevistos de última hora, el domingo daré rumbo a Santa Cruz, hacia un nuevo atraque.
Pero si navegar a vela es un hecho dichoso, insisto que no lo son menos todas esas actividades manuales que me eran ajenas y voy descubrimiento poco a poco. Todo es empezar y hacer las tareas con agrado.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Santiago Gil, una lectura pendiente

No conozco aún la obra del grancanario Santiago Gil (mea culpa), pero la entrevista que publica hoy Eduardo García Rojas en su suplemento El perseguidor (Diario de Avisos) me ha revelado a un escritor con unos planteamientos muy coherentes. Me apesadumbra llegar tarde a la literatura de Santiago. Pero también sé que voy a llegar para conocer de primera mano ese mundo mental, intelectual, concretado sobre el papel en blanco. Lógicamente, también los animo a ustedes a descubrir, si es el caso, la obra de este autor que transitó durante años las redacciones periodísticas, esos gimnasios donde tantos hemos desarrollado el músculo de la escritura. Y entonces volveremos a hablar de Santiago Gil con más fundamento.

martes, 7 de febrero de 2012

Conocimiento

Hace tiempo que sé, más o menos, quién soy, una labor que dura años de esforzado trabajo. Pero, cuando he logrado comprenderme a mí mismo, he dejado de entender a los demás, como si descifrar el propio alfabeto impidiera ser políglota. O, tal vez, inicias una literatura que se convierte en patria ensimismada que evita los zocos donde se mercadean las vidas, los pensamientos y sentimientos, los actos y la inacción. Porque vivir es tolerar activamente o por omisión. Escuchar y callar o, más simple y también sórdido, no escuchar para huir del conflicto o del dolor, de los desgarros que nos laceran después de mostrar el alma.
Sólo tienes el confort de tus lealtades y pasiones, de tus hábitos y rutinas, que amojonan la vereda por la que transitas el calendario hacia el vacío del que naciste, la eternidad interrumpida por un reloj que, como una pulsión, narcotiza con su tic-tac que consume del tiempo su futuro.

viernes, 3 de febrero de 2012

Ciudades insulares

Fue en otro tiempo que la población era un bien escaso y la geografía, pródiga abundancia. Poca gente, mucha distancia, para todo. Ahora, en el siglo XXI, la demografía es el problema, no bastan los recursos naturales para dar cabida a una humanidad con visos de convertirse en plaga bíblica.
Si tomo como ejemplo mi propio entorno, no existen hoy distancias que actúen de límites definidores de las localidades. Por el norte o por el sur, el territorio se define por un continuo urbanizado de tal modo que más parecemos ciudades insulares en las que sobran los ayuntamientos y sus pretendidos límites municipales. Sólo una administración pública única para gestionar las necesidades de 600.000 habitantes, cifra esta muy lejana de las consideradas megalópolis, bastaría. Una reforma institucional del todo practicable.
Pero esta situación ha arrasado la belleza, ha sustituido a la naturaleza con cemento con una prodigalidad rayana en la insensatez. Tenerife o Gran Canaria son islas dormitorios donde antes hubiera los bosques y riachuelos que cantara Bartolomé Cairasco y el medio rural es un conjunto de fogones donde nos hacinamos para comer chorizos parrilleros. He visto auténticas multitudes en el monte de Las Raíces fervorosamente dedicadas a alimentar el fuego de las barbacoas que alimentaban, a su vez, a la multitud. Extraña simbiosis de naturaleza y supermercado.
Lo mismo ocurre con las playas, que en las noches de verano son el vertedero que delata a la muchedumbre que procuraba hacerse hueco en la arena o el mar y hasta las más peligrosas, las que antes todo el mundo evitaba, concitan la concurrencia ciudadana que busca su lugar bajo el sol.
No, no creo que exagere si insisto en la idea de las ciudades insulares.