Ayer, por mera casualidad, me encontré con alguien que fue mi amigo hace muchos años, cuando era universitario, y del que no había vuelto a saber gran cosa ni tampoco me apetecía. Pero hablamos un buen rato en una sala de espera médica y me apercibí que los dos habíamos madurado mucho, que somos personas más sosegadas, menos pasionales y hasta más honestas con nosotros mismos y con los demás.
Comentamos de cómo nos había ido la vida, qué hacíamos, de nuestros hijos, de nuestros amigos y lugares comunes. Y nos despedimos cordialmente.
Me alegró verlo y comprobar que era la misma persona, que su vida ha tenido un hilo conductor que corrobora al individuo que conocí, que hace posible reconocerlo de manera coherente: su vida es su vida y, además, no puede ser otra; todos sus actos, en fin, lo confirman. Esta misma reflexión la trasladé a mi persona, a lo que ha sido mi vida durante todos estos años y también mi trayectoria vital me confirma a mí mismo. Creo que muy pocas cosas podían ser de otra forma sin renunciar a mi propia personalidad. Todo tiene unos márgenes de los que no podemos salir sin renegar de nosotros, pero sobre el que nos es posible bascular, tener opciones y determinación.
También me sorprendió una coincidencia: queremos a nuestros hijos, pero no acabamos de entender su forma de vida. Y no es una circunstancia particular, sino un hecho generacional. Nuestros hijos han crecido entre otras circunstancias, otros pesos históricos y sociales, y sus valores son otros respecto a los estudios, el trabajo, la familia, las relaciones personales... Somos dos resultados humanos distintos hasta el punto de que hay más comunidad ética, intelectual y conceptual entre ese amigo y yo que entre nosotros y nuestros hijos, a pesar del amor incondicional por los segundos.
Debo ir con más frecuencia al oculista, pues me confirmó la buena salud de mis miopes ojos y aprendí muchísimo mientras lo esperaba.
jueves, 11 de marzo de 2010
miércoles, 10 de marzo de 2010
De aquí y de allá
Comienza ya el buen tiempo en Canarias, mientras en otros lugares de España sufren las consecuencias de no poder resolver los problemas cotidianos porque a sus políticos sólo les interesa discutir el sexo y, sobre todo, la nacionalidad de los ángeles.
Hace un par de días pensaba sobre el mismo problema, pero aplicado a otro cuestión: 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora. Las mujeres ganan en España un 26 por ciento menos que los hombres y quieren que se les equipare; ese era el lema. Me parece que hay otras reivindicaciones con las que las mujeres (y los hombres) ganarían más: que se igualen los salarios españoles a la media europea porque si las mujeres ganan un 26 por ciento menos que los hombres en este país, esas mismas mujeres ganan el 50 por ciento menos que sus homologas europeas por el mismo trabajo.
Por estas cosas fuera de la lógica que soy capaz de entender, me rebelo más; ¡esas patrañas de los políticamente correcto! Pero soy incapaz de obviarlas, de decir que me dan igual, no puedo dejar de ocuparme y hasta de preocuparme por ellas.
A veces, confieso, me refugio en las paradojas a que dan lugar la vida pública para buscarle la chispa, lo divertido, a tanta mentira: ¿qué es un pro-Obama español? Un antinorteamericano de los de toda la vida (aunque, desde luego, también habrán pro-obamistas que no cumplan este requisito).
No obstante, tengo motivos de satisfacción más allá de vivir entre tantas contradicciones: ¡he conseguido terminar el material de mi primera novela! El trabajo no está concluido, queda perfilar y pulir ese material, pero he superado el pavor al texto largo, una especie de miedo escénico, un terror a no ser capaz de alcanzar, aunque sólo sea acariciar, una de las grandes ilusiones de mi vida. Aunque quede trabajo.
Aprovecho, por cierto, para dar las gracias a quienes han decidido incrementar la nómina de seguidores de este espacio porque uno se reconforta sabiendo que no está hablando solo.
Hace un par de días pensaba sobre el mismo problema, pero aplicado a otro cuestión: 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora. Las mujeres ganan en España un 26 por ciento menos que los hombres y quieren que se les equipare; ese era el lema. Me parece que hay otras reivindicaciones con las que las mujeres (y los hombres) ganarían más: que se igualen los salarios españoles a la media europea porque si las mujeres ganan un 26 por ciento menos que los hombres en este país, esas mismas mujeres ganan el 50 por ciento menos que sus homologas europeas por el mismo trabajo.
Por estas cosas fuera de la lógica que soy capaz de entender, me rebelo más; ¡esas patrañas de los políticamente correcto! Pero soy incapaz de obviarlas, de decir que me dan igual, no puedo dejar de ocuparme y hasta de preocuparme por ellas.
A veces, confieso, me refugio en las paradojas a que dan lugar la vida pública para buscarle la chispa, lo divertido, a tanta mentira: ¿qué es un pro-Obama español? Un antinorteamericano de los de toda la vida (aunque, desde luego, también habrán pro-obamistas que no cumplan este requisito).
No obstante, tengo motivos de satisfacción más allá de vivir entre tantas contradicciones: ¡he conseguido terminar el material de mi primera novela! El trabajo no está concluido, queda perfilar y pulir ese material, pero he superado el pavor al texto largo, una especie de miedo escénico, un terror a no ser capaz de alcanzar, aunque sólo sea acariciar, una de las grandes ilusiones de mi vida. Aunque quede trabajo.
Aprovecho, por cierto, para dar las gracias a quienes han decidido incrementar la nómina de seguidores de este espacio porque uno se reconforta sabiendo que no está hablando solo.
viernes, 5 de marzo de 2010
El medio de lo banal
La televisión ha sido el gran medio de comunicación de la segunda mitad del siglo XX, aunque ahora es internet quien pone en cuestión su reinado: los últimos datos en España indican que se dedica más tiempo ya al segundo medio que al primero.
El gran secreto de la tele ha sido, desde el punto de vista instrumental, la imagen y, desde el punto de vista filosófico, la banalización con la excusa del entretenimiento. Los concursos, los reality, los programas rosas... son los que acaparan grandes audiencias junto al deporte.
Esta banalización alcanza también a los informativos, que no suelen resistirse a imágenes impactantes o contenidos frívolos de cualquier especie, a la par que esconden publicidad encubierta de industrias como el cine, la música o la moda.
Además, la publicidad ocupa ya más tiempo efectivo de emisión que la propia programación.
Pero debo concluir con una opinión: no creo que debamos culpar al medio de comunicación, pues tengo la impresión de que sus contenidos responden a lo que demanda la audiencia. En caso contrario, no se explica.
Por lo menos, no obstante, somos algo más afortunados con la desaparición de la publicidad en la televisión pública estatal. Ya se puede ver un telediario sin interrupciones para los anuncios.
El gran secreto de la tele ha sido, desde el punto de vista instrumental, la imagen y, desde el punto de vista filosófico, la banalización con la excusa del entretenimiento. Los concursos, los reality, los programas rosas... son los que acaparan grandes audiencias junto al deporte.
Esta banalización alcanza también a los informativos, que no suelen resistirse a imágenes impactantes o contenidos frívolos de cualquier especie, a la par que esconden publicidad encubierta de industrias como el cine, la música o la moda.
Además, la publicidad ocupa ya más tiempo efectivo de emisión que la propia programación.
Pero debo concluir con una opinión: no creo que debamos culpar al medio de comunicación, pues tengo la impresión de que sus contenidos responden a lo que demanda la audiencia. En caso contrario, no se explica.
Por lo menos, no obstante, somos algo más afortunados con la desaparición de la publicidad en la televisión pública estatal. Ya se puede ver un telediario sin interrupciones para los anuncios.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Síntomas
Es un día hermoso que dan ganas de vivir, un día en el que sobreponerse al propio y acendrado escepticismo porque las nubes viajan ligeras por la luz diáfana de la mañana. Lo ves mientras desciendes por la autopista y compruebas la maravilla de esta benignidad. Pero enciendes la radio del coche y empieza el parloteo tertuliano a ensuciarlo todo, no más que conversaciones de café, sin ningún valor, que oyen millones de personas que van contruyendo un credo de medias verdades, mentiras y obviedades lanzadas a los cuatro vientos por los expertos en nada. Y cambias el dial y una de las emisoras abre su antena a la participación de los oyentes y es todo lo mismo: personas henchidas al lanzar sus obviedades y simplezas partidistas a la inmensidad del espacio radioeléctrico.
Pienso si se pueden hacer cestos con estos mimbres, pienso si el cesto podría aguantar el peso de tanta vulgaridad, pienso que nadie va a molestarse en comprobarlo porque estarán en la cháchara, en el parloteo, como un perpetuum mobile capaz de llevar una y otra vez a una sociedad hacia la gloria de la nada.
Mejor apagar la radio y recocijarme en el silencio mientras las blandas nubes en un limpio aire azul llenan mis ojos. El día es la paz que otorga mantener la radio apagada.
Tanta impertinencia debe ser síntoma de la propia decadencia.
Pienso si se pueden hacer cestos con estos mimbres, pienso si el cesto podría aguantar el peso de tanta vulgaridad, pienso que nadie va a molestarse en comprobarlo porque estarán en la cháchara, en el parloteo, como un perpetuum mobile capaz de llevar una y otra vez a una sociedad hacia la gloria de la nada.
Mejor apagar la radio y recocijarme en el silencio mientras las blandas nubes en un limpio aire azul llenan mis ojos. El día es la paz que otorga mantener la radio apagada.
Tanta impertinencia debe ser síntoma de la propia decadencia.
lunes, 22 de febrero de 2010
Tierras del puerto bonito
Una semana en tierras de Portugal, Portu Cale, Puerto Bonito. Una tierra hermosa, llena de ríos, de estuarios, de barcazas echadas en el agua como perros al sol. La luz de Oporto por su avenida marítima, la belleza equilibrada de Viana do Castelo, las historias que cuenta el aire de Sintra, el cosmopolitismo de Lisboa, el señorío de Coimbra, el casco medieval de Guimaraes... Tenemos que aprender de Portugal la limpieza urbana y huir como posesos de sus conductores al volante. La televisión es el mismo bodrio de todas partes.
El paisanaje es gente verdaderamente cordial, abierta, dada con el visitante, apasionada con el dichoso fútbol, personas que no tienen nada que ocultar, que no viven cegadas por su cotidianidad ignorante del prójimo.
La patria literaria de Camoes y de Pessoa corre por la algarabía de sus calles, se desparrama entre su urbanismo con esa sonoridad rigurosa y nasal en la que se encuentra constantemente canarismos que terminarán por desaparecer bajo el peso de ese español estándar que imponen los medios audiovisuales. Magua, mojo, margullar, bubango, baña y así miles de términos que pertenecen al patrimonio lingüístico de una islas pobladas por ibéricos de todo punto cardinal que dio la espalda durante años a su hermana atlántica, Madeira, en otro tiempo escala obligada en la ruta hacia la Península.
¿Porqué no hay en Canarias un Instituto Camoes o una sociedad dedicada a los estudios luso-canarios?
El paisanaje es gente verdaderamente cordial, abierta, dada con el visitante, apasionada con el dichoso fútbol, personas que no tienen nada que ocultar, que no viven cegadas por su cotidianidad ignorante del prójimo.
La patria literaria de Camoes y de Pessoa corre por la algarabía de sus calles, se desparrama entre su urbanismo con esa sonoridad rigurosa y nasal en la que se encuentra constantemente canarismos que terminarán por desaparecer bajo el peso de ese español estándar que imponen los medios audiovisuales. Magua, mojo, margullar, bubango, baña y así miles de términos que pertenecen al patrimonio lingüístico de una islas pobladas por ibéricos de todo punto cardinal que dio la espalda durante años a su hermana atlántica, Madeira, en otro tiempo escala obligada en la ruta hacia la Península.
¿Porqué no hay en Canarias un Instituto Camoes o una sociedad dedicada a los estudios luso-canarios?
miércoles, 3 de febrero de 2010
Temporal
Torrentes que lleva el mar, caldo de tierra en la bahía tras los rayos, la lluvia, el viento. Ahora hay un paisaje desolado, con los barrancos ahítos de escombros, las calles cubiertas de lodo, el asfalto agrietado como una piel enferma. La pendiente de la montaña no tiene compasión con los invasores que pueblan los barrancos, que niegan sus cauces y soliviantan su llanto con los obstáculos de la desconsideración. Llevamos diez años repitiendo la misma noticia, dejando vidas por el camino, ignorando después cada lección. Pero las laderas no tienen más misericordia que las aguas desbocadas, sus gargantas resecas aliviadas por el aluvión. Y el océano hace su difícil digestión, sobrealimentado por el caos.
lunes, 1 de febrero de 2010
Beneficios de la lluvia
Llueve como si fuera la última vez, entre una densa cortina de niebla que sólo deja ver el resplandor de los relámpagos. La gente, en la calle, no puede ni intentar siquiera seguir con su cotidianidad, se refugia en los soportales empapados por los chorros de los paraguas, incapaces hoy de cumplir su misión con eficacia. Se habla de las noticias de la radio, que si la que cae aquí no es nada porque en el Sur se están viniendo abajo muros y los imbornales son incapaces de desalojar el agua que se acumula en calles y aceras, que si en El Hierro se suspendieron las clases, que si el aeropuerto está o no cerrado.
Todos están de acuerdo: lo mejor es quedarse en casa, calentito, viendo llover por la ventana, a buen recaudo. Dos tristes turistas con pantalones cortos no entienden lo que los demás hablan, pero miran asombrados al infinito a cada destello inmenso y la señora se encoge de hombros, asustada, cada vez que el trueno se hace oír, como temiendo que el cielo se nos pueda venir encima. También hay acuerdo sobre otro asunto en la improvisada tertulia: este es el mes de nuestras lluvias y la tierra de labor quedará agradecida.
Cómo hace la tormenta que la gente no se ignore, que conviva hasta que escampe para volver, luego, a ser desconocidos. ¡Cuántos beneficios deja la lluvia!
Todos están de acuerdo: lo mejor es quedarse en casa, calentito, viendo llover por la ventana, a buen recaudo. Dos tristes turistas con pantalones cortos no entienden lo que los demás hablan, pero miran asombrados al infinito a cada destello inmenso y la señora se encoge de hombros, asustada, cada vez que el trueno se hace oír, como temiendo que el cielo se nos pueda venir encima. También hay acuerdo sobre otro asunto en la improvisada tertulia: este es el mes de nuestras lluvias y la tierra de labor quedará agradecida.
Cómo hace la tormenta que la gente no se ignore, que conviva hasta que escampe para volver, luego, a ser desconocidos. ¡Cuántos beneficios deja la lluvia!
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