viernes, 15 de enero de 2010
La verdad del mar
El fin de semana es la puerta de entrada a la paz, al recogimiento, al hogar de los libros y la música; también al amor sosegado, sin prisas; a la esposa, a los hijos. Pero el mar me reclama lo suyo en su espejeante quietud de los últimos y cálidos días. Me incita a embriagarme de su brisa, a embelesar mis oídos con su arrullo, tal vez a envolver mi escasa sustancia en la fría inmensidad de la suya. El mar también es un amor, no sólo el líquido refrigerante de la canícula. Me impulsa el deseo esa vela desplegada al viento que veo ahora surcar la bahía propulsando, con su acompasado vaivén danzarín y una sensual escora, la anatomía de la libertad, que es la comprensión de nuestra justa insignificancia en medio del océano omnipotente. ¡Qué sutil lenguaje el de las olas, que nos susurran la magnitud humilde de lo que todo lo puede!
jueves, 14 de enero de 2010
La condición humana
Un día se transgrede la regla y se impone la excepción: el mar se rompió en Indonesia; el cielo, en Nueva Orleáns; la tierra, en Haití. Per secula seculorum. No se trata de ningún albur insondable, aunque tampoco de hechos absolutamente previsibles.
Algunos, después de estas tremendas desgracias, miran al cielo buscando una explicación, iracunda o resignadamente, como si la respuesta estuviera en el viento, que dijo Bob Dylan. Pero la clave no está en los celajes, sino en la pobreza; no en el azar, sino en la (in)cultura; no en el vudú, sino en la corrupción.
Y también se evidencia en la hora de la tragedia que la codicia y los propios intereses son el implacable motor de las personas, de las sociedades. Por eso, la generosa ayuda de los vecinos tiene un fin egoísta, que no es otro que impedir la estampida de los miserables, evitar la invasión de la miseria ajena.
Ahora es la hora de las ONG, de los nuevos samaritanos sin fronteras, pero también de los especuladores y del mercado negro. Cuando hay racionamiento siempre surge el estraperlo; cuando hay miseria, se crean nuevas fortunas. Es la condición humana, la que se nos oculta bajo el continuo perorar de los oradores globales, de la agitación y propaganda, de la mentira.
Algunos, después de estas tremendas desgracias, miran al cielo buscando una explicación, iracunda o resignadamente, como si la respuesta estuviera en el viento, que dijo Bob Dylan. Pero la clave no está en los celajes, sino en la pobreza; no en el azar, sino en la (in)cultura; no en el vudú, sino en la corrupción.
Y también se evidencia en la hora de la tragedia que la codicia y los propios intereses son el implacable motor de las personas, de las sociedades. Por eso, la generosa ayuda de los vecinos tiene un fin egoísta, que no es otro que impedir la estampida de los miserables, evitar la invasión de la miseria ajena.
Ahora es la hora de las ONG, de los nuevos samaritanos sin fronteras, pero también de los especuladores y del mercado negro. Cuando hay racionamiento siempre surge el estraperlo; cuando hay miseria, se crean nuevas fortunas. Es la condición humana, la que se nos oculta bajo el continuo perorar de los oradores globales, de la agitación y propaganda, de la mentira.
viernes, 8 de enero de 2010
Nieva en enero
La máxima periodística dice que la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Pero las noticias de la televisión insisten día a día: "Nieva en enero, nieva en enero". Grosería informativa lo evidente.
jueves, 7 de enero de 2010
Recrear lo amorfo
Recrear todo lo amorfo, darle cuerpo y textura, para que nada socave la vida. Todas esas cosas sin sustancia involucradas en nuestra existencia, que ocupan un lugar y un tiempo sin dejar ninguna huella, sin que tengan un propósito o éstos nos preocupen, son también la materia susceptible de nuevas figuraciones que pueblen nuestro paisaje.
Estar vivo es un tuétano nutricio que gotea su esencia sin que nosotros, en muchas ocasiones, bebamos ese néctar.
No dejemos que las horas pasen, que nuestro tiempo continúe su tic-tac impasible sin que recojamos su alimento de milagros, sus latidos prodigiosos, la verdad de todos los hechos que aclaran el aparente sinsentido de cada día; que explican lo que creímos aleatorio, pero esconde el asombro de su destino.
Estar vivo es un tuétano nutricio que gotea su esencia sin que nosotros, en muchas ocasiones, bebamos ese néctar.
No dejemos que las horas pasen, que nuestro tiempo continúe su tic-tac impasible sin que recojamos su alimento de milagros, sus latidos prodigiosos, la verdad de todos los hechos que aclaran el aparente sinsentido de cada día; que explican lo que creímos aleatorio, pero esconde el asombro de su destino.
martes, 5 de enero de 2010
El viento
Los días amanecen con la convicción de ser luz a pesar del invierno y a media mañana está la tierra caldeada, ya sin huellas del rocío nocturno. El mar espejea, bonancible, su magnanimidad y corre una leve brisa que desdice la ventisca atroz del último atardecer. Porque la ira del aire es enemigo temible ante el que todo se humilla a su paso so pena de caer derrotado por ese extraño caballero que es su propia adarga y su propia montura. El viento que todo lo vuela, flagelador racheado que rola su azote para castigar los signos de la beatitud imposible; viento, sacramento de la inmisericordia.
sábado, 2 de enero de 2010
Parábola del pionero
La muerte lo extrañó de la casa del padre, pues sus hermanos querían la herencia en forma de dádivas, no conservar el amplio caudal de la memoria en cada árbol plantado, en cada surco cavado, en el perfume del rosal. De este modo, el jardín no tardó en volver a su fisonomía de erial sediento y la casa se ajó de esperar en vano el amor que la sostenía. Cercada e indefensa, la tierra tembló desde sus antiguos cimientos hasta herir su piel de argamasa y quebrar su corazón de piedra.
Por eso, prefirió olvidar la casa del padre, se convenció de que su eternidad era vivir en el venerado altar de los manes mientras él limpiaba los sentimientos corrompidos creando una nueva estirpe de la misma sangre, un nuevo hogar con el mismo impulso de otras manos, un nuevo jardín con la misma pericia del amor que riega en cascada las vidas familiares.
Pasó muchas jornadas en la sorda soledad de los pioneros, muchas estaciones lloró amargamente la ingratitud de los dioses, pero fue feroz como un legionario de fronteras protegiendo el dominio frondoso que le ofreció la tierra baldía. Y su vida floreció como los rosales de su memoria.
Anciano, su cuerpo lleno de cicatrices le traía recuerdos de lucha, de fragor, de torturas padecidas y batallas ganadas hasta que fue a ocupar su sitio, finalmente, junto a los manes, a la diestra de sus venerados padres, junto al fuego de una casa alzada sobre la integridad de unas manos fuertes y de una mirada limpia. Desde allí observó su obra y recordó el propósito ovidiano para la poesía: dulce y útil. Y las risas de unos niños impusieron la definitiva felicidad.
Por eso, prefirió olvidar la casa del padre, se convenció de que su eternidad era vivir en el venerado altar de los manes mientras él limpiaba los sentimientos corrompidos creando una nueva estirpe de la misma sangre, un nuevo hogar con el mismo impulso de otras manos, un nuevo jardín con la misma pericia del amor que riega en cascada las vidas familiares.
Pasó muchas jornadas en la sorda soledad de los pioneros, muchas estaciones lloró amargamente la ingratitud de los dioses, pero fue feroz como un legionario de fronteras protegiendo el dominio frondoso que le ofreció la tierra baldía. Y su vida floreció como los rosales de su memoria.
Anciano, su cuerpo lleno de cicatrices le traía recuerdos de lucha, de fragor, de torturas padecidas y batallas ganadas hasta que fue a ocupar su sitio, finalmente, junto a los manes, a la diestra de sus venerados padres, junto al fuego de una casa alzada sobre la integridad de unas manos fuertes y de una mirada limpia. Desde allí observó su obra y recordó el propósito ovidiano para la poesía: dulce y útil. Y las risas de unos niños impusieron la definitiva felicidad.
viernes, 1 de enero de 2010
Tienen el tiempo de su parte
Limitado a ser yo mismo, echo de menos haber sido muchos hombres: mujeriego, soldado, filósofo, empresario… ¡Para qué sólo vivir una vida!
Pero no hay posibilidad de más sin caer en el error de renunciar a la coherencia, a la unidad de la propia obra, a tener un significado, un contenido, un mensaje.
Si fuéramos polisémicos, nuestra existencia no sería comprendida, seríamos un galimatías, una serie alfanumérica; una llave que sólo sirve para abrir, nunca para cerrar.
Sin embargo, hay momentos en que pesa la monotonía como una montaña, en que nada sucede en nuestras vidas que no sea previsible. Y todo eso nos agota. Mas, es lo que nos hace verosímiles, lo que otorga a nuestra trama el valor radical de lo creíble: somos nosotros, unívocos, identificables, comprensibles y queridos.
¡Feliz año nuevo a todos los que son capaces de reconocerse a sí mismo porque ellos tienen el tiempo de su parte!
Pero no hay posibilidad de más sin caer en el error de renunciar a la coherencia, a la unidad de la propia obra, a tener un significado, un contenido, un mensaje.
Si fuéramos polisémicos, nuestra existencia no sería comprendida, seríamos un galimatías, una serie alfanumérica; una llave que sólo sirve para abrir, nunca para cerrar.
Sin embargo, hay momentos en que pesa la monotonía como una montaña, en que nada sucede en nuestras vidas que no sea previsible. Y todo eso nos agota. Mas, es lo que nos hace verosímiles, lo que otorga a nuestra trama el valor radical de lo creíble: somos nosotros, unívocos, identificables, comprensibles y queridos.
¡Feliz año nuevo a todos los que son capaces de reconocerse a sí mismo porque ellos tienen el tiempo de su parte!
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